Instituto Sergio Motosi para el Estudio del Movimiento Obrero Internacional
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Sergio Motosi dirigente y teórico del internacionalismo marxista

El compañero Sergio Motosi ha fallecido de forma improvisada el 12 de octubre 2002. Publicamos los datos más importantes de la conmemoración fúnebre.

La naturaleza, a veces, es despiadada y madrastra con sus mejores hijos. Con Sergio Motosi se nos va uno de estos, fallecido improvisadamente el pasado 12 de octubre. Se nos va el compañero Motosi, uno de los representantes más prestigiosos de aquella generación de revolucionarios que llega de la ciencia marxista a fines de los años Sesenta. Hijos de la “Táctica leninista en la crisis de la escuela”, el ensayo de Cervetto que representa y sintetiza en la historia del desarrollo organizativo de nuestro partido una cesura, aquel “pacto práctico” hacia el largo camino que nos lleva hasta la actualidad.

Cervetto sabía hablar a los jóvenes, Motosi apenas veinteañero era uno de éstos, uno de aquellos que supo escucharlo. Fue quien arrastró a aquella primera generación de jóvenes estudiantes universitarios que quisieron escuchar a Cervetto. 

Motosi nació en 1946 en Pagliari, uno de aquellos barrios obreros de La Spezia típicos de los años Cincuenta. Es uno de los representantes de aquellos jóvenes de tradición obrera que, todavía no muy numerosos, estudiaban, acudían el instituto científico para llegar a la Universidad.

Nuestra batalla entre los estudiantes universitarios, a finales de los años Sesenta, por el derecho al estudio para los hijos de los obreros se dirigía a estos jóvenes. Motosi conocía su manera de pensar porque había crecido con ellos. De aquella experiencia llevará siempre el recuerdo de las discusiones con los jóvenes obreros, discusiones que empujaban a ser concretos, a encontrar el mejor modo para popularizar, para hacerse entender. Esta pasión por hacer comprensible, visible, incluso de modo inmediato la tesis científica más compleja no le abandonará jamás, será su indeleble característica.

Cuando en el otoño de 1965 se inscribe a la facultad de Ingeniería de Génova tiene todas las cualidades para llegar a ser un óptimo ingeniero. Tiene todas las cualidades, simpatía, capacidad de hacerse escuchar, para convertirse en un óptimo dirigente político. Se convierte rápidamente en un pupilo de los dirigentes de la UGI, la asociación de los estudiantes universitarios influenciada por el PCI. En aquel período de ruptura ideológica y de encarnizadas discusiones encuentra, gracias al compañero Aldo Pressato, a Lotta Comunista.

El nudo fundamental para afrontar era la naturaleza social de la URSS. Para un joven de los barrios obreros de La Spezia, empeñado políticamente desde los primeros años de la adolescencia, la hipótesis de que dicho problema existiese era de por sí revolucionaria. El socialismo resumía todo ideal y esperanza de emancipación  social, todo objetivo para el cual valía la pena estudiar; emanciparse para emancipar a los demás.. Esto se confundía con el mito de la URSS, del socialismo en un solo país. Era el “falso socialismo”, que se presentaba como heredero legítimo de la Revolución de Octubre y fagocitaba también a los mejores jóvenes.

Motosi no era y no ha sido jamás un instintivo, tenía la necesidad de comprender a fondo porque tenía la necesidad de explicar a los otros. La precoz militancia en la FGCI no lo había hecho transformarse en un seguidor del fideísmo: el fideísmo, esta característica tan marcador de la cultura del estalinismo y del PCI, no podía hacer una brecha en su mente de explorador e indómito observador. La perspectiva de la carrera política que para muchos de su generación y de las sucesivas fue la salida natural de su cultura del fideísmo, no era capaz de incidir en su joven y robusta corteza moral, su honestidad individual.

Motosi no se fascinó rápidamente por la teoría de Cervetto, pero fue el primero, de aquella nueva generación de estudiantes a la cual hablaba Cervetto, que comprendía completamente toda la potencia revolucionaria. Solo entonces se transformó en la pasión de su vida. No tuvo temor de comenzar de nuevo de cero. Precisamente la plena conciencia de la dificultad de la empresa lo entusiasmaba y lo hacía capaz como pocos de propagar su entusiasmo. Contagió a todos aquellos de su generación que tuvieron la suerte de estar cerca. ¡Motosi tenía el temple de implicar!

El compañero Motosi inicia su labor revolucionaria en la Casa del Estudiante de la calle Gastaldi en Génova. Pero ya en 1969, después de dos años, es enviado dar una nueva vida a nuestro núcleo de Milán. Era un partido difícil: en Mílán faltaba la base de los grupos obreros como había en Génova gracias al trabajo de la generación de Lorenzo Parodi y Aldo Pressato, capaz de mantener alta la bandera del leninismo en las grandes fábricas “bastiones” del PCI.

De las luchas sindicalistas y de la crisis de las ideologías que caracterizaron el final de los años Sesenta surgieron movimientos y espontaneidad; el PCI había sido herido. La nueva oleada de maximalismo no se planteaba el problema de cortar el cordón umbilical que la unía al vientre del PCI, a su ideología del capitalismo de Estado. Para muchos, la solución fue el abrazo al maoísmo. Fue saludado por viejos arneses de los partisanos, ilusionados en renovar los íconos decrépitos del estalinismo, y por jóvenes instruidos en el fideísmo.

Todas las gradaciones del oportunismo parlamentario, todos los medios de comunicación a la moda, trataron de utilizar estas nuevas corrientes de la ideología burguesa producida por el desequilibrio italiano, amplificaron la fuerza, se transformaron en el “novismo” con el cual coquetear , en un escuálido juego de sombras chinas de resultados inciertos. Solamente el partido leninista podía utilizar este desequilibrio para encontrar nuevos elementos en las energías juveniles para utilizar para recuperar al menos en parte su retraso histórico.

¡O con el leninismo o con una de las variantes de la ideología burguesa al servicio de la clase dominante! No había alternativa: de esto tenía conciencia Lotta Comunista y tenía también conciencia el adversario de clase.

La reacción contra nosotros fue durísima, utilizó todos los instrumentos, de la violencia abierta hasta la más mezquina calumnia. Nuestra generación, la generación de Motosi, tiene impresos aquellos años en su ADN, algunos también en el cuerpo. La naturaleza del oportunismo en todas sus variantes, en todo el espectro de su maximalismo y de su verbalismo, se concentró contra nuestra organización y sus militares para impedir nuestro asentamiento y los primeros pasos de nuestro desarrollo. No lo lograron. El compañero Motosi, dirigente y fundador de los Círculos obreros de Milán, estuvo en el centro de este enfrentamiento.

En el transcurso de tres años, menos de un soplo de tiempo, superó la prueba de la ruptura ideológica con la tradición personificada del PCI, asimiló la lección científica de Cervetto y la defendió con total dedicación. De la lucha teórica a la lucha práctica por la defensa de los principios que la teoría había descubierto, todo en el lapso de una mañana. No era fácil a los 23 años, pero este era el nudo que cortar y estos eran los tiempos que la lucha política dictaba. Eran necesarios pasión revolucionaria y una convicción granítica, dedicación a la causa, voluntad férrea y un coraje feroz. De estas dotes el compañero Motosi tenía para vender.

La generación de Cervetto, Parodi, Pressato había acumulado capacidad de análisis científica y experiencia política para dirigir al partido en cada uno de los mares y en cualquier borrasca. Motosi se puso a disposición y con jóvenes como él Lotta Comunista emprendió su camino. De la batalla fundamental para la defensa del partido y de su asentamiento comienzan las nuevas fases de nuestro desarrollo .La dedicación a la causa, la militancia como elección de vida, ha permitido nuestro desarrollo con su carácter bolchevique que lo transforma en nuestra tarea inédita. Y hoy podemos ver nuestro asentamiento en el corazón industrial del imperialismo europeo como nuestra futura etapa.

El desarrollo de nuestro partido llama siempre a todos a tareas nuevas e inéditas; la lucha política también es atrayente también por esto. Después de la dirección de los Circulos obreros de Milán, Motosi fue llamado a desarrollar un trabajo central. Son las exigencias del refuerzo de aquel diario científico del cual el proletariado podía sentirse orgulloso. Era el trabajo para hacer de “Lotta Comunista” el Economist de nuestra clase, como explicaba Cervetto. Son más de cien los artículos que Motosi escribe para el diario, mientras es literalmente imposible censar aquellos con los cuales contribuyó en la actividad colectiva de elaboración. En esta fase que Motosi llega a ser estrecho colaborador de Cervetto. Una función en la cual estará ocupado durante décadas. En estas contingencias Motosi se muestra como un maestro en delinear los matices de los caracteres, los rasgos falsos de la comedia humana de los hombres políticos de la burguesía.

El conocimiento científico, el análisis estratégico debe ser transformado en un instrumento político; nuestra teoría no es solamente elaboración científica sino lucha para instalar el partido y conquistar hombres en la perspectiva revolucionaria. Es un proceso difícil y apasionante. La elaboración estratégica se condensa en “síntesis políticas” capaces de entrar en miles de cabezas y de permanecer con la fuerza de la certeza que plasma una concepción, un modo de ser.

En una fase histórica difícil para nuestro partido, cuando las fuerzas para programar un trabajo juvenil faltaban todavía y la clase obrera de las grandes fábricas sufría los golpes de la “política imperialista contra los salarios”, como titulaba la editorial de nuestro diario en octubre de 1975, se  jugó la carta de una agitación más puntual.

De aquí nació el documento nacional y Motosi fue el principal artífice. La crisis de restructuración, el terremoto mundial que golpeó también las orillas de la península, frustró el intento de los grupos burgueses de encontrar la solución con el aumento de la productividad y la clase obrera de la industria se encontró a la deriva en una “retirada desordenada”. El documento nacional era el intento para facilitar a nuestros dirigentes nuevos y de joven experiencia el enganche con posibles sectores de clase que hubiesen salido de aquel proceso de desilusión y separación de las organizaciones del oportunismo.

El “documento” desarrolló su obra. Podemos recordar por la fresca actualidad “Armas y potencias a la prueba” de 1982 con respecto a la guerra de las Malvinas, que concluía con Lenin: “Aquel cuyo pensamiento no abarca los límites de las relaciones capitalistas no comprende que la clase obrera, si es consciente, no puede negociar con ninguno de los rapaces grupos capitalistas”

Era todo un trabajo a la búsqueda de la más eficaz síntesis científica, desarrollado bajo la guía y a menudo salido de la estilográfica del compañero Motosi.

Motosi era la modestia personificada, pero si había un aspecto del cual estaba orgulloso era sobre su elaboración sobre el terrorismo intelectual pequeñoburgués. La contribución al descubrimiento de esta matriz de clase había sido un momento esencial de su observación y elaboración científica. El resultado permitía al proletariado tener la brújula para descifrar y colocar en su lugar contrarrevolucionario el nuevo fenómeno que afectará a la lucha política italiana durante años.

En su actividad política y de científico Motosi se reveló en muchas ocasiones como un atento analista de la estratificación social; bajo su lente pasó el proceso de inmigración en Italia con las nuevas tareas que planteaba al partido. Por su solicitud apareció “Proletarios de piel B”, que se se publicó en nuestro diario ya en enero de 1978.

Motosi no dejaba jamás de observar las modificaciones todavía imperceptibles que podían evidenciar el nacimiento de un nuevo fenómeno social. Estaba atento a las condiciones de los estratos profundos, que no participan en la política en las fases contrarrevolucionarias como la nuestra, pero que son de gran importancia durante el proceso revolucionario como había mostrado 1917 en Rusia y 1918 en Alemania.

Su lente estaba siempre apuntada sobre la difusión del proletariado en el mundo, sobre la extensión, las condiciones y las contradicciones que solicitaban transformaciones en nuestras “sustancias inflamables”.

Pero analizar el desarrollo del proletariado mundial no le bastaba: si hubiese sido humanamente posible hubiera subido a un coche para ir a observarlo de cerca, por cualquier lado del mundo donde se estuviera concentrando. El desarrollo de nuestro partido amplía, más allá de los normales horizontes de nuestra red organizativa, nuestros círculos de contactos y nuestros conocidos.

Motosi se había echado a las espaldas este trabajo. A los 50 años se había transformado en políglota, sabía francés e inglés, conocía y estudiaba el ruso y no retrocedía frente al alemán. Eran instrumentos para su pesca: él, hombre de mar por excelencia, sabía que habría podido encontrar otros peces raros, como él mismo había sido.

Esto en pocas palabras es el compañero Motosi, a quien que saludamos con un profundo dolor; su enseñanza, su modelo de militante permanecen en nuestros corazones y en nuestras mentes.

Traducido de Lotta comunista N. 386, octubre de 2002

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